London Bar since 1909

London Bar since 1909

El London Bar, situado en pleno corazón del barrio del Raval de Barcelona, es mucho más que un local histórico: es un punto de encuentro que forma parte de la herencia cultural de la ciudad y un símbolo del vínculo entre Barcelona y su tradición escénica. Para la familia Raluy, custodios de una auténtica empresa familiar dedicada desde hace más de un siglo al arte del circo, este espacio no solo representa un lugar emblemático, sino también un capítulo íntimo de su propia historia. Allí convivieron generaciones de artistas que moldearon parte del imaginario circense europeo del siglo XX.

Un referente para los artistas y un refugio para el circo

El London Bar ha sido, desde principios del siglo pasado, un entorno privilegiado para artistas, bohemios y personajes vinculados a la vida cultural barcelonesa. Sin embargo, su verdadera dimensión para el mundo circense se consolidó cuando se convirtió en refugio habitual de intérpretes, acróbatas, malabaristas y familias enteras dedicadas al arte itinerante.

Durante los años treinta y cuarenta, la Barcelona artística encontraba su epicentro en espacios como este, donde las noches reunían voces, risas, anécdotas y sueños. En sus mesas y paredes cargadas de fotografías en blanco y negro, muchos artistas compartían técnicas de entrenamiento, hablaban de nuevas coreografías o comentaban las giras europeas.

Entre estos visitantes habituales estaba Luis Raluy Iglesias, patriarca de los Raluy. Su presencia en el London Bar consolidó la estrecha relación entre el establecimiento y el mundo del circo, en un momento en el que la figura del artista vivía un proceso de plena transformación. Luis, conocido en su juventud como “El Tigre de Sant Adrià”, entrenaba acrobacias en las playas de Barcelona y posteriormente actuó en compañías legendarias, desde los Oliveras hasta los Keistone, llevando su talento por los principales circos europeos.

El London Bar funcionó entonces como un punto neurálgico para encontrar contratos, planificar giras y, sobre todo, para reforzar la comunidad artística que empezaba a perfilar el futuro del circo clásico español. Aquella conexión no solo fortaleció la proyección internacional de Luis Raluy, sino que alimentó el espíritu emprendedor que la familia desarrollaría más adelante.

Un local histórico que forma parte de la herencia cultural de los Raluy

Para entender el valor del London Bar en la trayectoria circense de la familia Raluy, hay que situarlo en el contexto de su evolución como empresa familiar. Desde que Francisco Raluy, el primer antepasado conocido, recorrió aldeas con una cabra y un oso realizando pequeños números, hasta que la saga consolidó un circo propio reconocido internacionalmente, la transmisión generacional ha sido el corazón del proyecto.

En este proceso, el London Bar aparece no solo como escenario, sino como testigo silencioso del crecimiento artístico y emocional de la familia. En sus mesas, Luis Raluy compartía vivencias que más tarde alimentarían la pasión de sus hijos —Luis, Eduardo, Francis y Carlos Raluy—, quienes acabarían protagonizando números de barras fijas y los espectáculos más recordados de la posguerra.

El local fue también un punto de encuentro donde los Raluy escucharon historias de giras, desafíos y anécdotas que inspirarían su propia decisión de convertirse en gestores de su destino, dejando de trabajar exclusivamente para otras compañías y desarrollando un proyecto propio.

Hoy, el London Bar es un recordatorio vivo de ese espíritu. Forma parte de la herencia cultural que conecta Barcelona con décadas de creatividad y esfuerzo artístico. Al mismo tiempo, simboliza la memoria afectiva de la familia Raluy, que siempre ha defendido la importancia de preservar la tradición circense y de valorar los espacios que han marcado la historia de los artistas.

El London Bar no solo es un bar centenario; es un emblema de la historia cultural y bohemia de Barcelona, una cápsula del tiempo donde la tradición y la modernidad se encuentran. Desde sus orígenes en 1910, el London Bar ha sido un punto de encuentro para intelectuales, artistas y músicos, sirviendo como inspiración para generaciones de creadores, como Salvador Dalí, Pablo Picasso y Ernest Hemingway. Su singular atmósfera modernista, mantenida a lo largo de los años, preserva los mosaicos hidráulicos y las estructuras de madera que lo hacen único en su estilo.

A lo largo de su historia, el London Bar ha sido un refugio de la vida nocturna barcelonesa, resistiendo las adversidades del tiempo sin perder su esencia. Lo que lo distingue no solo es su herencia arquitectónica y artística, sino también su estrecho vínculo con la familia Raluy. Esta conexión, iniciada en los años 30 con Lluís Raluy, cuando el circo Raluy comenzaba su andadura, se consolidó más tarde con el legado de Carlos Raluy. Este aporte familiar no solo mantiene el espíritu artístico del lugar, sino que también potencia su relación con el mundo del circo, uniendo dos mundos que han marcado la identidad del London Bar.

Redaccion

Equipo de redacción del magazine Digital diario.global.

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