Música clásica y publicidad
La música clásica en la publicidad
Introducción
La música clásica, entendida como uno de los pilares fundamentales de la cultura occidental, ha trascendido desde hace siglos los espacios estrictamente artísticos para integrarse en ámbitos tan diversos como el cine, la radio o la publicidad. En este último contexto, su utilización no responde únicamente a una cuestión estética, sino que se convierte en una poderosa herramienta comunicativa capaz de transmitir valores, emociones y significados profundamente arraigados en el subconsciente colectivo. La publicidad contemporánea recurre con frecuencia a obras clásicas —o a adaptaciones de las mismas— para asociar productos y marcas con ideas de calidad, prestigio, elegancia o tradición, estableciendo un vínculo emocional inmediato con la audiencia. No obstante, este uso exige también un conocimiento riguroso de los derechos de autor, ya que, aunque muchas obras pertenecen al dominio público, algunas de sus interpretaciones siguen devengando royalties.
Un recurso para captar la atención del espectador
Uno de los principales motivos por los que la música clásica resulta tan eficaz en el ámbito publicitario es su impacto emocional. Determinadas piezas son capaces de generar sentimientos de alegría, nostalgia, solemnidad o dramatismo en cuestión de segundos, facilitando una conexión sensorial directa con el público. Esta capacidad expresiva, forjada a lo largo de siglos de tradición musical, convierte la música clásica en un recurso especialmente valioso para captar la atención del espectador.
Asimismo, la mejora del recuerdo es otro de los grandes beneficios de su uso. Las melodías ampliamente conocidas permanecen en la memoria del oyente y refuerzan la identificación del mensaje publicitario con la marca anunciada. En este sentido, la música actúa como un elemento cohesionador que fija el producto en la mente del consumidor.
La asociación de valor es igualmente significativa. La música clásica suele vincularse a conceptos como alta calidad, cultura, refinamiento o incluso elitismo, razón por la cual es habitual encontrarla en anuncios de coches de lujo, perfumes o entidades bancarias. Este recurso permite dotar al producto de un prestigio simbólico que va más allá de sus características materiales.
En cuanto a los tipos de uso, la publicidad recurre principalmente a tres modalidades: el empleo de obras maestras de compositores como Mozart, Vivaldi, Beethoven o Rossini; la creación de música original específicamente pensada para una marca, como jingles o bandas sonoras; y las adaptaciones de temas clásicos, que conservan la esencia de la obra original, pero se ajustan al formato publicitario.
Algunos ejemplos
Los ejemplos son numerosos y significativos. Firmas como BMW han llegado incluso a utilizar la imagen y declaraciones de figuras históricas como Igor Stravinsky,
mientras que Audi
ha comparado la experiencia de conducción con la elegancia del aria «Lascia ch’io pianga» de Händel:
En el ámbito bancario y asegurador, la Oda a la Alegría de Beethoven ha sido recurrente en campañas del Banco Sabadell o Mutua Madrileña, reforzando valores de unión y optimismo.
También resulta especialmente interesante el caso de Nokia cuya célebre sintonía procede de una adaptación de un vals de Francisco Tárrega, demostrando cómo la música clásica puede integrarse de forma natural en la vida cotidiana.
Del mismo modo, compositores como Rossini han estado presentes en anuncios de marcas tecnológicas como uno de televisores SONY.
La música clásica de Johann Strauss con su Trisch Trasch Polka fue la primera Canción de la Vuelta Ciclista a España de la historia,
mientras que géneros propios como la zarzuela han encontrado su espacio en campañas publicitarias españolas como Línea Directa.
Incluso la ópera ha sido protagonista en el mundo de los perfumes, con la inconfundible voz de Maria Callas interpretando Casta Diva,
o con arias de Verdi como Follie! Follie! empleadas para reforzar la carga emocional y estética del mensaje.
La radio tampoco queda al margen, como demuestra la histórica sintonía de la Cadena SER, basada en una obra de Frederic Mompou desde 1966.
Música clásica y publicidad: Conclusiones
La presencia de la música clásica en la publicidad demuestra su vigencia y capacidad de adaptación a los lenguajes contemporáneos sin perder su valor artístico y cultural. Lejos de desvirtuar su esencia, este uso contribuye a mantener vivas obras y compositores que forman parte del patrimonio musical, acercándolos a un público amplio y diverso.
Cuando se emplea con respeto y criterio, la música clásica en la publicidad no solo embellece el mensaje, sino que lo enriquece, aportándole profundidad emocional, significado y continuidad histórica. En un mundo dominado por la inmediatez, la tradición musical sigue ofreciendo un refugio de calidad, memoria y emoción, demostrando que el pasado continúa dialogando de forma natural con el presente.

